A.A.: "ciudadanos
y ciudadanas en general"
NO
ES VERDAD
(Manifiesto pedagógico)
Las organizaciones y personas que firmamos este Manifiesto (docentes,
madres, padres, estudiantes y ciudadanía en general) estamos
profundamente preocupados por la difusión de creencias sobre
la escuela española que distorsionan gravemente la realidad.
Se está generalizando una forma de pensar según la
cual hoy en la escuela se enseñan pocos contenidos, se hacen
actividades irrelevantes, los niveles de exigencia bajan, los alumnos
y alumnas son peores que los de antes y hay "mucha pedagogía"
y poca enseñanza.
Nos preocupa
particularmente la actitud de determinadas personas con impacto
mediático (pertenecientes al ámbito de la literatura,
de la universidad, de la intelectualidad, etc.) que divulgan estas
creencias con argumentos muy pobres, a veces incluso insultantes,
poniendo en evidencia una visión poco rigurosa sobre la escuela
y sobre los procesos que en ella tienen lugar. Nos preocupa, en
fin, que la educación, a diferencia de otras actividades
de gran incidencia social como la medicina o la justicia, sea analizada
y valorada socialmente desde concepciones simples y caducas.
Por todo ello,
hemos decidido manifestarnos colectivamente y hacer pública
nuestra opinión, afirmando lo siguiente:
No es verdad
que en la escuela española actual predomine un modelo de
enseñanza diferente al tradicional
La creencia
de que en los últimos tiempos se practica una enseñanza
descafeinada y permisiva, donde ya no se valora "el conocimiento
de toda la vida", es un mito sin fundamento. Ocurre más
bien lo contrario. A pesar de que hay importantes argumentos en
contra de la forma tradicional de enseñar, la cultura escolar
dominante en España sigue basándose en la transmisión
directa de contenidos inconexos y, no pocas veces, desfasados e
irrelevantes, en el aprendizaje mecánico y repetitivo, en
la evaluación selectiva y sancionadora y en la prolongación
de la jornada escolar de los menores con abundantes deberes y tareas.
La mayoría de los alumnos y alumnas siguen teniendo grandes
dificultades para comprender lo que se les enseña y, como
siempre ha ocurrido, acaban identificando el saber con la capacidad
de retener información hasta el día del examen.
La idea de que
la LOGSE ha impregnado la enseñanza no universitaria de una
práctica pedagógica que abandona el esfuerzo y que
se basa en "el todo vale" es un lugar común que
no se corresponde con la realidad. El ideario psicopedagógico
de esta ley, por más que planteaba cambios de gran interés,
nunca llegó a penetrar en la mayoría de las aulas,
en gran parte porque la mejora de la escuela no es básicamente
una cuestión de leyes sino de cambio cultural, social y comunitario.
No es verdad
que en la escuela española hayan bajado los niveles de exigencia
Basta comparar
los libros de texto de hoy con los de antes para comprobar que cada
vez se pretende enseñar más contenidos, con formulaciones
más abstractas y en edades más tempranas. Muchos padres
y madres no entienden los libros de texto que con frecuencia protagonizan
las tardes familiares. Cada vez es más difícil para
los docentes acabar el programa del curso. Cada vez es más
pesada la carga académica de los estudiantes. Cada vez hay
más asignaturas.
La idea de que
"los niveles bajan" trata de dar una explicación
fácil al evidente fracaso de la escuela. En cada nivel educativo
los docentes comprueban la debilidad del conocimiento de gran parte
del alumnado. Pero los estudiantes fracasan, precisamente, porque
el modelo de enseñanza transmisivo y tradicional, y no otro,
no provoca en ellos un aprendizaje duradero y de calidad. Esto siempre
ha sido así. No entender las explicaciones de clase, no encontrarle
sentido a muchos contenidos escolares, estudiar mecánicamente
sólo para los exámenes, olvidar rápidamente
lo aprendido y tener que empezar desde cero en cada curso, son experiencias
compartidas por muchas personas. Sin embargo, estas experiencias
tienden a olvidarse cuando se analiza el fracaso de los estudiantes
de hoy.
La incompatibilidad
entre el buen aprendizaje y la enseñanza tradicional, que
siempre ha existido, se ha venido incrementando en los últimos
tiempos. Muchos piensan que la incorporación a la escuela
de los hijos e hijas de la marginalidad, de los inmigrantes y de
los que tienen capacidades diferentes ha influido en que el fracaso
escolar aumente. Sin embargo, esta incorporación, además
de suponer un avance social, ha servido para sacar a la luz con
más claridad lo que estaba difuso: que la enseñanza
tradicional no promueve un aprendizaje de calidad en la mayoría
de los estudiantes, sean cuales sean sus circunstancias.
Al mismo tiempo,
en un mundo globalizado, donde la información circula por
internet, donde la comunicación se ha hecho virtual, donde
los graves problemas de la humanidad tienen carácter interdisciplinar,
donde las certezas absolutas han desaparecido y nos enfrentamos
a un futuro crítico, incierto y complejo, la escuela sigue
anclada en contenidos y métodos del pasado.
El fracaso escolar,
por tanto, no se explica por que los niveles de exigencia bajen,
ni por que la escolarización se extienda a más estudiantes
y durante más tiempo, sino por que el modelo educativo vigente
hace tiempo que ha caducado.
No es verdad
que los alumnos y alumnas de ahora sean peores que los de antes
Son diferentes,
pero no peores. Los niños, niñas y jóvenes
de hoy, y los de antes, son el producto de la sociedad en la que
viven. Juzgarlos negativamente como colectivo es un ejercicio simplista
y una forma de ocultar la responsabilidad de la sociedad adulta.
La incitación permanente al consumo (piénsese, como
ejemplo dramático, en los anuncios sobre los juguetes navideños),
la diseminación continua de la cultura del éxito,
del triunfo y de la superficialidad, la conversión de los
niños, niñas y adolescentes en objetivos permanentes
del mercado y la forma de vida acelerada y estresante propia de
los adultos con los que viven son, entre otras, realidades que influyen
poderosamente en su desarrollo.
La sociedad
manifiesta una cierta actitud hipócrita: se ve reflejada
en el espejo de niños, niñas y jóvenes y, a
veces, no le gusta lo que ve, pero, en vez de analizar las causas,
arremete contra la imagen que se proyecta en ellos. En la escuela
esto es especialmente grave. A través de los medios de comunicación
se ha favorecido una alarma social injustificada en relación
con la conducta de los estudiantes. Temas como la falta de respeto
hacia los docentes, el acoso entre iguales, la violencia escolar,
etc., aun siendo problemas reales que siempre han existido y que,
posiblemente, ahora son más frecuentes, se han sobredimensionado,
convirtiéndolos en productos de consumo a través del
periodismo sensacionalista. Junto a estos fenómenos existen
multitud de casos de estudiantes comprometidos, de jóvenes
interesados por el medio ambiente e implicados en las ONG, de niños
y niñas concienciados con los problemas de la salud y de
las drogas, etc. que son insuficientemente resaltados, fomentándose
así un estereotipo social sesgado y negativo sobre los menores.
No podemos olvidar que los niños, niñas y jóvenes
son modelados y formados por toda la sociedad. Demonizarlos es un
recurso fácil para eludir nuestra responsabilidad.
Al mismo tiempo,
el desapego de muchos estudiantes hacia la cultura transmisiva y
tradicional de la escuela, oculto en otros tiempos debido al carácter
autoritario y represivo de la época franquista, se pone de
manifiesto hoy de forma más radical. Este desapego, más
que confirmar que el alumnado de hoy "es peor que el de antes",
como muchos creen, es la evidencia más clara del abismo que
separa a la sociedad de la escuela y a los asuntos relevantes de
hoy, de los contenidos y métodos escolares convencionales.
No es verdad
que los docentes españoles tengan un exceso de formación
pedagógica y un déficit de formación en contenidos
Todo lo contrario.
Los profesores de secundaria, por ejemplo, después de cinco
años de formación en una licenciatura centrada en
los contenidos (Filosofía, Matemáticas, Historia,
etc.) sólo han recibido, en el mejor de los casos, un curso
de dos meses de duración donde se comprimen aspectos tan
importantes para su futuro profesional como los siguientes: la psicología
de niños, niñas y adolescentes; la importancia de
la dimensión afectiva y social en el aprendizaje y en la
autoestima; los diferentes modelos pedagógicos y didácticos
que existen y sus resultados; la manera de seleccionar y formular
los contenidos; el diseño de actividades para el aprendizaje
de materias concretas; el uso didáctico de diferentes tipos
de recursos, incluidos aquellos más próximos a la
cultura cotidiana de los estudiantes; las formas de evaluar y sus
repercusiones en la formación de alumnos y alumnas; las tendencias
innovadoras en educación; la dinámica de los grupos
humanos y el trabajo cooperativo; el funcionamiento de los centros
y las relaciones con las familias y las normas legales existentes
sobre el sistema educativo.
Pero hay más.
En una profesión centrada en la práctica, los docentes
de secundaria y de primaria han tenido una formación muy
poco vinculada a los centros escolares (sería inimaginable
algo similar en la formación de los médicos, por ejemplo).
Por lo demás, en la universidad, donde, no lo olvidemos,
se forma a los futuros docentes, no es necesaria ninguna formación
pedagógica o didáctica para ser profesor.
Es de justicia
reconocer aquí el esfuerzo realizado por los docentes de
nuestro país que han intentado dar respuestas a los problemas
profesionales de su trabajo a pesar de su insuficiente formación
inicial, de la cual, obviamente, no eran responsables.
No es verdad,
por tanto, que haya un exceso de formación psicopedagógica
y didáctica. Somos, en este sentido, una anomalía
en relación con otros muchos países. Por eso, consideramos
necesaria una profunda y urgente reforma de la formación
inicial del profesorado que asuma, por fin, que para enseñar
no basta con saber el contenido.
La escuela y la universidad necesitan un cambio
Un cambio profundo.
El fracaso escolar no sólo se manifiesta por los que abandonan
o suspenden, también por los que aprueban sin haber conseguido
un aprendizaje duradero y de calidad.
El cambio que
proponemos no puede venir de la mano del modelo tradicional, como
reclaman algunos, ignorando que dicho modelo es el responsable del
fracaso actual. Tampoco aplicando políticas neoliberales
de mercantilización de lo educativo, como puede observarse
en determinadas Comunidades Autónomas y en aspectos sustanciales
de la reforma universitaria actual, ni trasladando a la escuela
modelos neotecnológicos y empresariales de planificación
y control de calidad, como es el caso de la implantación
de incentivos salariales vinculados al rendimiento académico
del alumnado. Las personas y su educación no son mercancías
y la enseñanza y el aprendizaje no son meros procesos técnicos
y productivos.
El cambio ha
de venir de la recuperación y actualización de aquellas
ideas y experiencias que han demostrado su capacidad transformadora.
La Institución Libre de Enseñanza, la Escuela Nueva,
la Escuela Moderna, las Misiones Pedagógicas, los Movimientos
de Renovación Pedagógica, etc. son, entre otros, algunos
ejemplos valiosos de nuestro pasado. Las aportaciones de ilustres
docentes e investigadores como Giner de los Ríos, Freire,
Freinet, Montessori, Rosa Sensat, Piaget, Vygotsky, entre otros
muchos, o de intelectuales de prestigio mundial como Morin, también
pueden iluminar este proceso de cambio.
Algunos principios
orientadores de la escuela que necesitamos son los siguientes:
1. Centrada
en los estudiantes y en su desarrollo integral (corporal, intelectual,
social, práctico, emocional y ético).
2. Con contenidos
básicos vinculados a problemáticas relevantes de nuestro
mundo, buscando la calidad frente a la cantidad, la integración
de materias frente a la separación.
3. Con metodologías
investigativas que promuevan aprendizajes concretos y funcionales,
al mismo tiempo que capacidades generales como la de aprender a
aprender. Donde el esfuerzo necesario para aprender tenga sentido.
4. Con recursos
didácticos y organizativos modernos y variados. Una escuela
que utilice de forma inteligente y crítica los medios tecnológicos
de esta época.
5. Con formas
de evaluación formativas y participativas que abarquen a
todos los implicados (estudiantes, docentes, centros, familias y
administración), que impulsen la motivación interna
para mejorar y que contemplen a las personas en todas sus dimensiones.
6. Con docentes
formados e identificados con su profesión. Mediadores críticos
del conocimiento. Dispuestos al trabajo cooperativo y en red. Estimulados
para la innovación y la investigación.
7. Con una ratio
razonable y con profesorado ayudante y en prácticas. Con
momentos para diseñar, evaluar, formarse e investigar.
8. Con un ambiente
acogedor, donde los tiempos, espacios y mobiliarios estimulen y
respeten las necesidades y los ritmos de los menores.
9. Cogestionada
con autonomía por toda la comunidad educativa. Que promueva
la corresponsabilidad del alumnado. Comprometida con el medio local
y global.
10. Auténticamente
pública y laica. Con un marco legal mínimo basado
en grandes finalidades y obtenido por un amplio consenso político
y social.
No estamos planteando un espejismo. Hay docentes, estudiantes, padres
y madres que están haciendo realidad esta escuela en muchos
sitios, también entre nosotros. El que deje de ser testimonial
requiere voluntad política, compromiso social y visión
a largo plazo, como han demostrado otros países. Por eso,
frente a la enseñanza tradicional que padecemos, afirmamos
que:
Otra escuela
es necesaria, ya existe y es posible.
NOTA 1: El objetivo
de este Manifiesto es conseguir su máxima difusión
y apoyo. Para adherirte a él puedes firmarlo a continuación.
Para ampliar su repercusión, pretendemos publicarlo en el
periódico El País cuando se hayan conseguido un número
alto de firmas. Dicha publicación se financiará con
las aportaciones económicas voluntarias de los firmantes.
Si quieres participar debes hacer una transferencia al banco Triodos
(banca ética y sostenible) a la c/c 1491/0001/24/0010005933,
a nombre de "Asociación para la Investigación
y Renovación Escolar".
NOTA 2: Este
manifiesto puede ser firmado por personas concretas o por organizaciones.
En el segundo caso, debe indicarse el nombre de la organización
en el campo destinado a indicar nombre y apellidos.
NOTA 3: Si quieres
estar informado sobre el proceso de publicación, recibir
el balance de los gastos del mismo y conocer otras posibles iniciativas
vinculadas a este Manifiesto, no olvides escribir "recibir
información" en el apartado "comentario".
PROMOVIDO POR
LA RED IRES (Investigación y Renovación Escolar).
www.redires.net
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